Derecho y Debate 133

Derecho y Debate en esta edición no solamente quiere destacar algunos acontecimientos de actualidad para su reflexión y debate. Busca también honrar la memoria de un profesor dedicado, un magistrado probo, y, sobre todo, una buena persona. Me estoy refiriendo a Carlos Montoya Anguerry, fallecido hace unos pocos días.

Conocí a Carlos Montoya primero por referencias. Venía con un gran prestigio personal y profesional de Arequipa a Lima. Luego, ya en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú, tuve la oportunidad de conocerlo. Un hombre correcto, fiel a sus principios e ideas, y que siempre entendió que el sentido del Derecho y los derechos era el de la protección de los sectores vulnerables, aquellos que, como diría Amartya Sen, no cuentan con las capacidades suficientes para satisfacer sus necesidades humanas básicas y, por ende, alcanzar su desarrollo humano integral.

Una propuesta de quienes éramos estudiantes en la Facultad de esa época era, precisamente, la de entender al Derecho y los derechos desde una perspectiva similar. Ello implicaba que la labor de promoción social que se pudiese hacer desde la universidad con y para la comunidad no se circunscribiera a curas aisladas sin valor, sino a valiosas alternativas, las cuales corrían el riesgo de perder continuidad. Y con ello, de generar expectativas que no se podían cubrir, con todas las consecuencias negativas que aquello puede tener para las diferentes partes involucradas.

Se planteó entonces la creación de una Dirección de Proyección Social de la propia Facultad de Derecho; un espacio que desarrollara un plan de acción al respecto, con proyectos, programas y actividades debidamente articuladas. Un organismo en cuya gestión participaran conjuntamente docentes, estudiantes y personal administrativo con objetivos claros que trascendieran el plano asistencial, a veces necesario, pero siempre insuficiente y en varias ocasiones pasible de convertirse en elementos para el populismo o la demagogia.

Es necesario decir que ni todo el profesorado ni todo el alumnado apoyaban esta iniciativa. Es más, había quienes veían segundas intenciones en la misma, aunque nada más lejano de la realidad. Afortunadamente, el entonces Decano de la Facultad, Jorge Avendaño Valdez, estaba con nosotros. También nos apoyaba el hoy profesor Emérito de la Facultad, Juan Luis Avendaño Valdez. Pero ni uno ni otro tenían las posibilidades reales de asumir la responsabilidad de darle contenido y alcances a esa propuesta. Se requería no solamente a alguien con conocimiento y voluntad. Se necesitaba una persona que dejase toda actividad alternativa para dedicarse a algo que requería tiempo completo y un compromiso casi sin límite.

Y fue en ese momento de la Asamblea entre representantes de docentes, estudiantes y personal administrativo que llamamos Claustro Pleno de Derecho que alguien pidió la palabra y con voz respetuosa, pero enérgica, comenzó a hablar. «He dejado una larga carrera judicial, donde siempre trabajé en favor de los más vulnerables en la comunidad, y creo que es momento de que esta universidad haga un trabajo orgánico en ese sentido».

Los dos profesores Avendaño y yo nos miramos, y Jorge, con la energía que le caracterizaba, dijo: “Él es la persona”. Así tuvimos al primer director de Prosode (Proyección Social en Derecho). Prosode fue un trabajo fantástico, sin precedentes, donde la comunidad universitaria se integró a la realidad de muchos de los sectores más vulnerables de Lima y sus alrededores. No había condiciones para ir más allá. Y, repito, no se trataba de crear expectativas en todas las personas involucradas que luego se frustraran.

Pero hay etapas de la vida de cada quien que no pueden dejar de vivirse. A Don Carlos se le convocó a repotenciar el Consejo Nacional de la Magistratura (la elección, la promoción y evaluación de desempeño de buenos jueces, juezas y fiscales en el Perú es primordial), y a mí se me brindó la oportunidad de seguir un Doctorado en Derecho que en el Perú en ese momento no existía, con el aliciente de ser reconocido como profesor visitante de dos prestigiosas universidades fuera del Perú. Eso no impidió que Carlos Montoya siguiera haciendo docencia y demostrando decencia en la nueva responsabilidad que le tocó asumir.

El gobierno de aquel entonces quiso condicionar la labor del Consejo Nacional de la Magistratura. Y frente a ello, todos quienes lo integraban renunciaron a sus cargos. Montoya no prefirió la quincena a la Historia, sino todo lo contrario. Volvió entonces a la universidad, a seguir formando nuevas generaciones de abogados y abogadas, apostando a ser cada vez mejor persona, y ayudando a otros y otras a ser progresivamente mejores. Se jubiló y fue nombrado Profesor Emérito, como reconocimiento a su gran trayectoria personal y profesional.

Físicamente, Carlos Montoya Anguerry nos ha dejado, pero su legado queda. Su familia puede sentirse honrada por ello; y quienes fuimos sus estudiantes o trabajamos con él nos enriquecimos y seguimos enriqueciendo con su aporte. Por ello, y en uno de los múltiples reconocimientos que se están dando a su labor, esta edición de Derecho y Debate está dedicada a su memoria.

En esta edición de Derecho y Debate se incluye la siguiente documentación:

  1. Sentencia de la Suprema Corte de los Estados Unidos “Chevron USA Inc. V. Natural Resource Defense Council Inc. 467 US 934 (1984).
  2. Sentencia de la Suprema Corte de los Estados Unidos de América “Loper Bright Enterprises et al. V. Raimondo Secretary of Commerce, et. Al”.
  3. Artículo del destacado iuspublicista José Ignacio Hernández “Después de Chevron: El margen de diferencia en el Derecho Administrativo de Estados Unidos y el Caso Loper Bright”.
  4. Carta de la Presidente de la República del Perú y el Presidente del Congreso cuestionando a la Corte Interamericana por la toma de algunas medidas provisionales y demás acciones destinadas al cumplimiento de sentencias de ese Alto Tribunal.
  5. La preocupante situación de dos resoluciones contradictorias de la actual composición del Tribunal Constitucional peruano, en donde se permite y se recorta la participación de terceros en una demanda competencial presentada por el Congreso de la República contra el Poder Judicial. Esta actuación contradictoria, con todo respeto, es un cuestionamiento a la misma institucionalidad del país.
  6. Resolución de la Primera Sala Constitucional de la Corte Superior de Lima reponiendo en sus cargos a los doctores Aldo Vásquez e Inés Tello como integrantes de la Junta Nacional de Justicia.
  7. Texto sustitutorio de la ley que delega en el Gobierno la facultad de legislar en materias de regulación, simplificación y calidad regulatoria, actividad empresarial del Estado, seguridad ciudadana y defensa nacional.
  8. Proyecto de Ley 6951 – 2023-CR, que “precisa la aplicación y alcances del delito de lesa humanidad y crímenes de guerra en la legislación peruana”.
  9. Conferencia dictada por Eloy Espinosa-Saldaña titulada “Poder Judicial restituye a Tello y Vásquez”.
  10. Síntesis de la hoja de vida de Carlos Montoya Anguerry.

En mérito a lo que aquí se ha consignado, considero que Derecho y Debate no solamente alcanza el nivel de sus ediciones anteriores, sino que también honra la memoria de Carlos Montoya Anguerry, que bien lo merece.

Para ver la presente edición de Derecho y Debate debe abrirse el siguiente enlace: https://www.dropbox.com/scl/fo/rz6jh1kff5hif39hwje1v/AGlYRb3HFObxtON_c5VSNcw?rlkey=u9rce5qjm562cy2nt0f6bujfv&st=oh5eh98p&dl=0

Eloy Espinosa-Saldaña Barrera Código Orcid:


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